Sobre la literatura contemporánea argentina. Lecturas necesarias: Selva Almada y Susy Shock.

El siglo XXI en plena ebullición hace eco de las luchas actuales como marca en diversxs autorxs argentinxs. En esta ocasión, quiero recomendarles a dos escritoras necesarias.

Actualmente ancladas en Buenos Aires, sus obras nos trasladan fuera de la metrópoli. En la escritura de ambas hay tradición y hay ruptura. Hay renovación y denuncia. Esto no es extraño. Las hipótesis más interesantes sobre los orígenes de la literatura nacional nos hablan sobre la irrenunciable relación entre literatura y política, sobre biografía y autobiografía, de traiciones y vanguardias. Lo novedoso, es que esas tradiciones encarnadas fundamentalmente en un canon conformado por hombres, están viendo emerger a escrituras de mujeres (cis y trans) que no ocupan un lugar de renombre por el mero relleno del cupo “femenino” en las listas de escritoras que hay que leer, sino que llegaron a fuerza de trabajo y de un constante activismo radicalizado en la denuncia. Tanto en entrevistas como en sus obras, las escritoras transfeministas argentinas de este siglo están atravesadas por la coyuntura y nos marcan la agenda.
El caso de Susy Shock es paradigmático. Se reconoce a sí misma como “artista trans sudaca” y esto conforma una declaración de principios tanto como una trinchera de lucha por los derechos de las mujeres, trans, travestis y lesbianas. Artista multifacética, conocida en el campo literario por su trabajo en la poesía, no puede ser definida como poeta sin abordar su participación activa en el transfeminismo. Mientras reivindica su “derecho a ser un monstruo” en uno de sus poemas más conocidos y citados, también asiste a marchas para denunciar los travesticidios cotidianos, presenta sus libros rodeada de activistas, siempre dejando un lugar para que se acerque el lector curioso, todavía no comprometido con su causa, que todavía no empatiza demasiado con la poesía contemporánea, y lo seduce. La seducción de Susy está en la potencia, en la fuerza de sus poemas que conforman una épica, un manifiesto y una obra; todo al mismo tiempo. Desde su Poemario Trans-pirado hasta sus últimos poemas, la poesía de Susy tiene la potencia, no del slogan que se repite, sino del graffitti que se pinta en las paredes en una marcha (y por el que luego nos acusarán de violentas a las feministas, porque siempre es mejor llorar por una pared pintada que por una mujer asesinada por un femicida): “que otros sean lo normal” o “no queremos ser más esta humanidad”. No es casual que esta última frase, parte de Hojarascas (Editorial Muchas Nueces, 2017), haya sido publicada en un libro con un alto trabajo gráfico, con fotografías, carteles, ilusión de fanzine. La poesía de Susy es la síntesis necesaria entre la poesía de denuncia y el panfleto. Porque la poesía de denuncia no es nada si no se pone el cuerpo, el panfleto tampoco será nada si no se lo contextualiza, si no se lo grita, si no se lo circula en la calle. Para ello, la estrategia es el devenir colibrí. Porque sin el abrazo necesario, del que tantas veces habla en entrevistas y presentaciones, no hay posibilidad de comunicación.

 

 

El caso de Selva Almada es también notorio y fundamental para abordar la literatura de mujeres argentinas contemporáneas. Marginal por tratarse de una escritora oriunda de la provincia de Entre Ríos, se hizo de un lugar entre las figuras más importantes de nuestra literatura desde Buenos Aires, pero sin dejar de escribir sobre la provincia. Tiene mucho éxito en la narrativa, un género tradicionalmente producido, criticado, teorizado y circulado por hombres (pensemos sino en el canon de literatura argentina del siglo XX: Alrt, Borges, Bioy, Cortázar, Puig, Piglia, Saer -la lista es infinita-: ¿se imaginan una Almada en el siglo XX?) y sus libros se venden, se leen en escuelas, en talleres literarios, en reuniones, en universidades. Como reparación histórica del género, podríamos decir que ya logró instalarse en los debates críticos más interesantes, pero no sería justo para ella ni para el resto de las escritoras mujeres, travas, trans y lesbianas que luchamos incansablemente contra el machismo radicalizado en los espacios literarios. El caso de Selva Almada es paradigmático, pero no se queda ahí. Esta autora trabaja géneros, pero no es una escritora de género. Escribe novelas, pero no podríamos decir de ella que es exclusivamente novelista. Es escritora, pero no podemos decir de ella que es sencillamente una mujer que escribe. El caso de Almada se complejiza cuando hace uso de su voz consagrada para instalar en los debates la lucha por la despenalización del aborto, los femicidios, el machismo en la literatura -y en todos lados-. Es una escritora con plena consciencia de su lugar como mujer en la narrativa. Y la obra necesaria es, como en el siglo pasado lo fue Operación Masacre de Walsh, un relato de no-ficción. Se trata de Chicas Muertas (Random House Mondadori, 2014), la historia de tres chicas víctimas de femicidio durante la década de los ‘80 en Argentina, cuando todavía no usábamos el término femicidio para referirnos a los crímenes de odio contra las mujeres. Al mismo tiempo, es la historia de la investigación de estas tres historias, enlazadas en los recuerdos y anécdotas personales de la autora, que marcan un camino de deconstrucción y de reflexión en torno a las consecuencias del patriarcado y la cultura machista en la que nos criamos desde que nacemos: “No sabía que a una mujer podían matarla por el solo hecho de ser mujer, pero había escuchado historias que, con el tiempo, fui hilvanando. Anécdotas que no habían terminado en la muerte de la mujer, pero que sí habían hecho de ella objeto de la misoginia, del abuso, del desprecio.” (Chicas muertas, 2014)

Los femicidios y los travesticidios son el genocidio de nuestro siglo. El estado es responsable y lo personal es político: Susy Shock y Selva Almada lo entienden a la perfección. Por eso el panfleto, por eso el poner el cuerpo, por eso la rabia. Estas son dos autoras necesarias pero no las únicas. Somos muchxs haciéndonos eco, disputando los espacios y saliendo a la calle, siempre bajo la inquebrantable premisa de nunca dejar de escribir o de leernos: una especie de sororidad.

 

 

Publicado en2 Marzo, 2018 enSin categoría

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